Allá estamos, en medio de la muchedumbre, siendo observados por la misma. Parecemos dos locos, enamorados, pero locos al fin.
La multitud nos pudo ver amándonos con cada detalle, apasionados al máximo, abrazándonos como nunca antes, y mirándonos como si algo fuera a separarnos y ese vaya a ser nuestro último recuerdo. Vivimos cada instante, nunca dijimos nunca, y prometimos jamas separarnos. Sin embargo tuve miedo de perderte, de que tus manos se suelten de las mías, de que tu mirada se haga un lado para nunca más conectarse conmigo, tuve miedo de perder nuestra dulzura, de perder la razón de mi existencia, y que todo lo construido alguna vez, se derrumbe con un castillo de cartas en medio de una tempestad.
Pasó el tiempo y seguimos parados entre la gente, pero ya era demasiado tarde. La rutina nos había asesinado lentamente y solo nos quedaban unas pocas respiraciones para pedirnos disculpas mutuamente. Llegué a considerarnos un semáforo, uno nuevo, de los que están en las esquina urbanas más concurridas, con luces brillantes y atractivas, llamativo para todo aquel lo mira, pero que con el paso del tiempo se desgasta, se cubre de papeles y se oxida por la lluvia, se le cae la pintura y se rompen la luces. Así eramos nosotros, atractivos, brillantes, llamativos, pero comenzamos a oxidarnos, fuimos muriendo lentamente, fuimos asesinados lenta y dolorosamente.
Nos soltamos de las manos, desviamos nuestras miradas, y nos fuimos de esa esquina. Lo que antes era todo ya no es nada, y lo que ayer fue roca hoy es arena. Caímos bajo y ahora estamos en el desierto, solos, sin coincidencias ni casualidades, sin remedio para una enfermedad conocida, sin nada. Pero aún sigo pensando que haría cualquier cosa por vos y por remediarlo, es así que hoy te digo que si aun sentís algo, si aun quieres remediarlo, entonces tómame de la mano y camina conmigo en este desierto, porque no sería lo mismo arruinarme en este infierno si no estoy con vos.
La multitud nos pudo ver amándonos con cada detalle, apasionados al máximo, abrazándonos como nunca antes, y mirándonos como si algo fuera a separarnos y ese vaya a ser nuestro último recuerdo. Vivimos cada instante, nunca dijimos nunca, y prometimos jamas separarnos. Sin embargo tuve miedo de perderte, de que tus manos se suelten de las mías, de que tu mirada se haga un lado para nunca más conectarse conmigo, tuve miedo de perder nuestra dulzura, de perder la razón de mi existencia, y que todo lo construido alguna vez, se derrumbe con un castillo de cartas en medio de una tempestad.
Pasó el tiempo y seguimos parados entre la gente, pero ya era demasiado tarde. La rutina nos había asesinado lentamente y solo nos quedaban unas pocas respiraciones para pedirnos disculpas mutuamente. Llegué a considerarnos un semáforo, uno nuevo, de los que están en las esquina urbanas más concurridas, con luces brillantes y atractivas, llamativo para todo aquel lo mira, pero que con el paso del tiempo se desgasta, se cubre de papeles y se oxida por la lluvia, se le cae la pintura y se rompen la luces. Así eramos nosotros, atractivos, brillantes, llamativos, pero comenzamos a oxidarnos, fuimos muriendo lentamente, fuimos asesinados lenta y dolorosamente.
Nos soltamos de las manos, desviamos nuestras miradas, y nos fuimos de esa esquina. Lo que antes era todo ya no es nada, y lo que ayer fue roca hoy es arena. Caímos bajo y ahora estamos en el desierto, solos, sin coincidencias ni casualidades, sin remedio para una enfermedad conocida, sin nada. Pero aún sigo pensando que haría cualquier cosa por vos y por remediarlo, es así que hoy te digo que si aun sentís algo, si aun quieres remediarlo, entonces tómame de la mano y camina conmigo en este desierto, porque no sería lo mismo arruinarme en este infierno si no estoy con vos.
Hey :)
ResponderEliminarI'm fine and you?
A Happy New Year to you, too ;)
Have a nice day ♥